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Justicia y Política

Carrió vs Lorenzetti * La irritación de Macri con el juez * El caso Freiler y sus derivaciones hacia los hermanos Lijo * Casanello: protector del kirchnerismo, verdugo de Macri * La teoría del escudo.

 

La exhibición de un caso de mega corrupción, como el que protagoniza Cristina Kirchner y el sistema político-empresarial que la rodea, ha desatado una crisis judicial. La manifestación más notoria de esa crisis es que Elisa Carrió, una de las tres personas que lidera Cambiemos, junto a Mauricio Macri y Ernesto Sanz, ha pronunciado juicios gravísimos contra el juez Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte. A continuación, un mapa de datos y observaciones sobre lo que ocurre en Tribunales en relación con la política:

 

Carrió dijo que Lorenzetti es un mafioso. Y lo relacionó con Carlos Zannini. “Es su socio”, aseguró. Son expresiones que, por ahora, no tienen demasiado fundamento empírico. Cuando se averigua en qué se basan aparecen algunas informaciones dispersas. Por ejemplo, que Lorenzetti pactó con Zannini la postulación de Domingo Sesín, su ahijado, a cambio de la de Eugenio Sarrabayrouse, ahijado de Zannini. Sí se sabe que existe una relación indirecta entre Zannini y la Corte, pero no afectaría a Lorenzetti. La hija de la jueza Elena Highton de Nolasco, también llamada Elena, está en pareja con Jorge Gianni, un empresario muy cercano a Carlos Liuzzi, el otro yo de Zannini. Elena Nolasco acaba de provocar una denuncia, ya que se la designó en una secretaría de la Corte. ¿Hay una relación entre Liuzzi y Lorenzetti? Nadie tiene pruebas.

Lorenzetti suele afirmar que su relación con Cristina Kirchner terminó siendo muy tensa. Lo atribuye, sobre todo, a su negativa de crear una cámara federal en Río Gallegos, que podría haber absorbido todos los casos de corrupción ligados a Lázaro Báez. Es verdad que ella terminó distanciada del presidente de la Corte. Más todavía: una versión inmejorable afirma que la ex presidenta relevó al general César Milani cuando se enteró de que había asistido al cumpleaños del ex senador Nicolás Fernández, donde estaba Lorenzetti. Fernández tiene una relación muy amigable con el presidente de la Corte. En su momento se lo señaló como su principal gestor político. Hoy Fernández se dedica al ejercicio de la profesión. Muchas veces coincide en los pleitos con el abogado Eduardo Mertehikián.

¿Carrió expresa a Macri? Un indicio objetivo es que antes de lanzar su perdigonada contra Lorenzetti se encontró con el presidente, en Olivos. Dos días antes Macri se había indignado con el juez de la Corte, porque éste recibió a siete gobernadores peronistas para hablar de la restitución del 15% de la coparticipación. La misma iniciativa provocó, en diciembre, el intento de designar a Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, por decreto, en la Corte. La medida se tomó de urgencia, impulsada por una información. Un dirigente ultra-kirchnerista le había comunicado a Marcos Peña, a través de un amigo común y funcionario del gobierno, la teoría de que Lorenzetti quiere provocar una crisis para llegar de ese modo a la presidencia. Quiere decir que el macrismo comienza a consumir las mismas hipótesis que el kirchnerismo respecto de ese juez.

Macri se indignó con la reunión federal de Lorenzetti, sobre todo porque esa mañana el juez había desayunado con Ernesto Sanz y le había expresado que tenía un pedido de entrevista de los jueces, pero que no lo aceptaría. Macri y Sanz se sintieron defraudados. Después se enteraron, por la vía de un gobernador y de un senador kirchnerista, de que Lorenzetti había sugerido que a la Corte debía ingresar, en lugar de Rosatti, la tucumana Beatriz Sbdar. Ahora le aclararon a Macri que Sbdar es candidata a reemplazar a Elena Highton. Una quimera para los plazos que corren: Highton se jubilará recién en diciembre de 2017. Carrió no admite esas excusas. Ella cree que el presidente de la Corte no quiere permitir que los nuevos jueces, sobre todo Rosatti, que es amigo de ella, curioseen la administración material del tribunal.

La relación Lorenzetti-Macri está dañada por un motivo adicional: el estado de la justicia federal de la Capital. Macri le atribuye a Lorenzetti proteger a los jueces federales más controvertidos. La obsesión del presidente es el camarista Eduardo Freiler, un juez de Justicia Legítima con quien él se cruzó por la causa Ciro James. Atribuyen a Freiler haberle pedido plata a Macri a través de Daniel Angelici para cerrar el caso. Freiler fue acusado por Ricardo Monner Sans por enriquecimiento ilícito. Le detectaron haber acumulado en los tres últimos años una mansión en Olivos, varios autos de colección, 20 caballos de carrera, un yate y varios campos. El caso se cerró a pedido del fiscal Ramiro González, que participa como invitado en la cátedra de Freiler. El juez que aceptó el sobreseimiento, Marcelo Martínez de Giorgi, está casado con una secretaria de la Cámara donde trabaja Freiler. Monner Sans interpretó que estas anomalías justificaban que la cosa juzgada quedara en tela de juicio y se revisara el caso. Martínez de Giorgi se declaró violentado en su moral –como si aceptara el reproche—y, en vez de remitir el expediente a la sala II de la Cámara, en la que no interviene Freiler, lo puso en manos de María Servini de Cubría. Cubría no lo aceptó y lo mandó a la Cámara.

La investigación sobre Freiler conduce a otro juez federal, acaso el más gravitante del fuero: Ariel Lijo. Freiler es motivo de otro expediente, que está en el juzgado de Rodolfo Canicoba Corral, por su sociedad con Carla Lago, la esposa de Alfredo Lijo en una financiera llamada Minning Pride. El fiscal del caso, conmilitón de Freiler en Justicia Legítima, es Pedro Zoni. Ya dictaminó que la sociedad en cuestión nunca hizo negocios. El problema es que la relación Freiler-Lijo puede conducir a otras propiedades. A Freiler y al hermano de su colega le atribuyen un balneario en Necochea, Palmeras del Este. El balneario es de la familia Freiler. Allí pasa sus vacaciones Silvia, la hermana del camarista, ex directora de Participación y Comunicación Social de la Secretaría de Ambiente durante la gestión de Cristina Kirchner. Eduardo, el hermano de Silvia, acusado por enriquecimiento ilícito, controla como camarista las causas Hotesur y la de sobreprecios de obra pública, ambas a cargo del juez Julián Ercolini, muy dependiente de Ariel Lijo. Otro vínculo complicado: Freiler estuvo casado durante años con la prima hermana de Patricio Pérez Pardo, ex director de Hotesur.

Freddy Lijo, el esposo de la socia de Freiler y hermano del juez Lijo, fue el eterno operador judicial de Julio De Vido, a quien ambos hermanos están unidos por la pasión por los canarios. Freddy fue el gestor determinante para que Claudio Bonadio excluyera, mientras se lo permitió la sala II de la Cámara Federal, a De Vido de la causa por la masacre de Once. Lijo fue procesado por Bonadio hace dos semanas. Freddy prefirió ausentarse. Le atribuyen estar navegando en su yate Malbec, en Miami. Esa nave pertenecería a la sociedad Corporate Corp, que antes fue de los hermanos Cirigliano, también acusados por la causa Once. 

Ariel Lijo debe resolver en estos días el envío a juicio oral de la causa Ciccone. Está en una encrucijada: debe decidir si investiga o no a Máximo Lanusse, vicepresidente de la imprenta. Y a Jorge Brito, ex jefe de Lanusse en Banco Macro. Es un dilema: Brito es amigo de Lijo, a tal punto que estuvo en la mesa principal de su opulenta boda, en el Sheraton Pilar.

Carrió está estudiando estos vínculos. Pretende llegar a Lorenzetti, a quien presume vinculado con los Lijo. Le llama la atención que la Corte haya delegado en un secretario privado de Ariel Lijo el delicado trámite de las intervenciones judiciales. Y también está intrigada por los esfuerzos de Lorenzetti para evitar que los diarios publiquen informaciones negativas de los Lijo. ¿Hará converger Carrió sus dos pasiones? Lorenzetti y Lijo podrían ser recibidos la semana próxima en Roma por el Papa, al que ella también viene castigando.

La influencia de Freiler es clave en las causas relativas a Cristina Kirchner. El camarista ejerce una marcada gravitación profesional en Sebastián Casanello, el titular de la causa por lavado de dinero contra Lázaro Báez. El juez Casanello está intentando defenderse de las numerosas críticas que se le vienen realizando desde hace tres años. Ayer, en el diario La Nación, ofreció una entrevista en la que trató de justificar lo que más se le recrimina: haber destruido la prueba del caso. Sobre todo por dejar que pasaran tres años para allanar las estancias de Báez. Casanello transfirió esa responsabilidad al fiscal Guillermo Marijuán, quien también comenzó a actuar tardísimo. 

Casanello lleva adelante tres expedientes claves para el actual gobierno. Panamá Papers, donde el investigado en Macri; Time Warp, donde apunta al gobierno porteño; y una causa por tráfico de influencias, enfocada en Daniel Angelici. En la Casa Rosada creen que cabe para Casanello lo que Julián Álvarez predicaba sobre Claudio Bonadio cuando iba contra la entonces presidente Cristina Kirchner: “Quiere montar un escudo para que no se lo sancione”. 

Casanello fue puesto en la mira por la AFI, donde existen varios agentes interesados en el fuero federal. No sólo Darío Richarte, antiguo operador de Antonio Stiuso y ahora cercano a Angelici y, por esa vía, al secretario de Inteligencia Gustavo Arribas. También el fiscal Eduardo Miragaya, designado en un área de criminalidad financiera controlada por la subsecretaria Silvia Majdalani. En el kirchnerismo atribuyen a Miragaya la intención de desplazar a Casanello para poner su juzgado en manos más confiables. Esta es la razón por la que muchas de las críticas que llueven sobre el magistrado son interpretadas como parte de una campaña del gobierno para sacarlo de las investigaciones contra Macri. Paradójico: Casanello llegó a su juzgado gracias al voto del Pro y, apenas ganó Macri, dispuso su sobreseimiento en el caso Ciro James.