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El nuevo acuerdo con el Fondo

 El papel de Dujovne * Anatomía del Central * El ancla monetaria * La banda cambiaria * La salida de Caputo: significado político * El eje con Larreta y Quintana * El horizonte recesivo * Confianza y consumo: índices decisivos * La perplejidad peronista y el presupuesto * El control social del conurbano.

 

 El gobierno cerró un nuevo acuerdo con el FMI, que implica otra política monetaria y un cambio en el esquema de poder del área económica. Aquí los principales datos para interpretar el significado político de ese acuerdo:

 

• El nuevo entendimiento con el FMI terminó de reforzar la gravitación de Nicolás Dujovne en el manejo de la economía. Por su relación privilegiada con el único prestamista externo del país, Dujovne se transformó en lo más parecido a un superministro que tuvo Mauricio Macri hasta ahora. Por primera vez el Ministerio de Hacienda y Finanzas, que incluye Energía, está coordinado con el Banco Central.

 

• Esta coordinación una clave del acuerdo. El capítulo monetario-cambiario fue negociado en Washington por Guido Sandleris, en su condición de funcionario de Hacienda. La salida de Luis Caputo del Central estaba prefigurada en el hecho de que no formó parte de las negociaciones. Es curioso que el Fondo, que hace de la independencia del Central un dogma de fe, haya sido tolerante a esta modalidad. Sandleris es conocido por el equipo que atiende el caso argentino en Washington. Había sido el jefe de los negociadores de Hacienda en el acuerdo anterior. Al mismo tiempo, es el funcionario de Dujovne que más conocía la vida del Central. Dada su amistad con Lucas Llach, alimentada en la sala de profesores de la Universidad Di Tella, Dujovne lo había convertido en un puente con Federico Sturzenegger, que se extendió a Caputo y que funcionó bastante activo hasta hace un mes. En el Central aparece otro funcionario al que hay que observar: Nicolás Gadano. Es otro íntimo de Dujovne, que ejercerá la gerencia general. El nuevo elenco de completa con Verónica Rappoport, quien regresa al país desde Londres, donde daba clases de Economía. Rappoport es una vieja amiga de Sandleris: ambos trabajaron juntos con José Luis Machinea en la fundación FADE y en el Ministerio de Economía durante 1999 y 2000.

 

• El acuerdo tiene varias claves. La más relevante es que congela la política monetaria al anclarla en una cláusula de crecimiento cero. Aquí está la mayor exigencia que miran los expertos. Uno de esos especialistas observa que “entre lebacs y leliq hay $800.000 millones. Al 60% de tasa, esto genera emisión de $480.000 millones al año. Es el 40% de la base monetaria, que equivale a $40.000 millones por mes. Es el ajuste adicional que se necesita para emisión cero. Para absorber esos intereses, la cantidad de estos instrumentos aumenta 10% por mes. Si la tasa no baja violentamente, se espiraliza. Y no hay muchas razones para que la tasa baje violentamente. Al revés, dado que hay que pagar los intereses de las letras, cuanto más sube la tasa mayor es la expectativa de emisión y menos confianza habrá en la expansión cero de la base”.

 

• El otro problema que advierten los especialistas con la meta de expansión cero de la base monetaria es que complica el movimiento del Central en relación con los límites de $44 y $34 de la fluctuación cambiaria. Si supera los $44, dado que tiene sólo U$S150 millones para intervenir, deberá subir la tasa para frenar la suba. Si perfora los $34, el Central tendrá que comprar dólares y, para esterilizar los pesos con que realiza esas compras, también deberá subir la tasa. Los entendidos advierten que el gran riesgo del compromiso monetario asumido es una recesión muy fuerte.

 

• La banda cambiaria es una de las conquistas de Dujovne frente a David Lipton, el representante de los Estados Unidos en el Fondo, férreo defensor de la flotación libre. Dujovne explicó a Lipton que, con una economía enloquecida por expectativas muy negativas, es utópico pretender estabilizar el tipo de cambio sólo con la tasa de interés. Lipton admitió el argumento y autorizó una banda acotadísima. Aún así, el riesgo de tener que subir la tasa sigue, como se ve, muy a la vista.

 

• Dujovne logró también que el Fondo autorice a pagar deuda con los desembolsos de su crédito. Y amplió ese crédito en U$S7.000 millones. También dispuso un adelantamiento de esos desembolsos. La consecuencia es la recuperación que se registró en los bonos, ya que se descartó por completo la posibilidad de un default. Por lo menos en 2019. El comportamiento del dólar no tuvo, en cambio, la misma expresión de confianza en el nuevo esquema. El precio de la divisa aumentó.

 

• La salida de Caputo tiene una significación muy relevante. Se decidió en medio de la crisis de Macri con Christine Lagarde y, en menor medida, con Dujovne, después del anuncio presidencial de un adelantamiento de los desembolsos. Caputo formaba un eje con otro desplazado, Mario Quintana, con quien había sido socio en la actividad privada. Quintana y Caputo se referenciaban políticamente en Horacio Rodríguez Larreta. El conflicto de Caputo con Dujovne acaso explica la pasión que Larreta puso para incorporar a Carlos Melconián al gabinete como ministro de Hacienda. Melconián había puesto condiciones inaceptables para Macri, entre ellas no reportar a Marcos Peña. Pero, además, cultiva una amistad con el banquero Jorge Brito es que la peor carta de presentación que se puede exhibir delante del presidente. Otro vínculo clave de Caputo: es primo hermano del mejor amigo y ex socio de Macri, Nicolás Caputo.

 

• La salida de Luis Caputo fue vivida como una puñalada por Macri. El acuerdo con este financista era que se alejaría una vez que se hubiera anunciado el acuerdo con el Fondo. Sin embargo, partió un día antes y antes de que abran los mercados. ¿Enojo porque lo desplazaban? En la Casa Rosada sospechan que Caputo estaba muy dolido y por eso realizaba algún tipo de boicot a las gestiones de Dujovne. Le atribuyeron, sin demasiadas pruebas, haber filtrado a Clarín la versión falsa de que el crédito del FMI se incrementaría en U$S20.000M, para generar una expectativa destinada a frustrarse.

 

• La perspectiva política del acuerdo que se cerró tiene dos dimensiones. La primera tiene que ver con la expectativa de estabilizar el mercado de cambios. Si fuera posible, producir una baja moderada, que no llegue a sacrificar la competitividad del tipo de cambio que costó tanto conseguir. Hasta ahora el comportamiento de los inversores fue el opuesto. La imagen de Macri está ligada por completo a la fluctuación del dólar. El otro aspecto de lo acordado tiene que ver con el nivel de recesión. El gobierno prevé que en el último trimestre haya una caída de 3,7% en el nivel de actividad. Economistas independientes calculan un poco más enfriamiento. ¿Cuáles son los resultados políticos de esa pendiente? Todavía es difícil predecirlos. Pero hay un dato objetivo: el índice de confianza del consumidor alcanzó un pico negativo del 25%. Es el más bajo desde la crisis de 2002, cuando superó -30%. Lo relevante es que este índice suele moverse en correlación con el índice de consumo privado. Aquí es donde hay que observar el peso de la recesión. Un vínculo más: el índice de confianza del consumidor guarda una misteriosa pero sistemática correlación histórica con el voto a presidente.

 

• La caída de la confianza del consumidor y el efecto de la recesión está en el centro de la observación del PJ. ¿Alcanza para que Cristina Kirchner se recupere? Hasta ahora todo indica que sigue teniendo un techo que le impide superar un ballotage. El otro enigma es si el malestar mejorará las perspectivas del PJ no kirchnerista. Allí hay desorientación, porque se percibe que un sector significativo de la clase media sigue soportando, en el doble sentido de la palabra a Macri. Esta incógnita inquieta en especial a Sergio Massa, que es el peronista más lejado de Macri. Massa está estudiando un relanzamiento de su imagen y también la elaboración de un programa de mediano plazo. En esa tarea, que se sostiene sobre todo en la actividad de Diego Bossio, tiene un papel principal de asesoramiento José Luis Manzano. Los niveles de agresividad y acuerdo de este sector para con el gobierno se verán en la discusión del presupuesto. Massa le aseguró a Rodríguez Larreta, a Emilio Monzó y a Nicolás Massot, que él dará quorum y terminará colaborando en la aprobación, aunque vote en contra. Las fechas para este trámite son tentativas. Se calcula que saldrá de Diputados el 31 de octubre, y del Senado en la tercera semana de noviembre.

 

• En el gobierno miran otra escena, además de la legislativa: el conurbano. La principal interesada en el orden social allí es María Eugenia Vidal, coordinada con Carolina Stanley --¿despierta algún malestar en Gabriela Michetti por la candidatura a vice 2019?--, esposa del jefe de Gabinete de Vidal, Federico Salvai. Vidal y su ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, llevan adelante un monitoreo permanente del Gran Buenos Aires. Confían en que, más allá de algún caso delictivo, no habrá episodios de violencia. Se basan en dos factores. El primero es que hay un gran reparto de asistencia social, con centro en la Asignación Universal por Hijo. El segundo es que existe un entramado de organización social que dialoga con el oficialismo como nunca antes. Estas dos peculiaridades no hacen que desaparezca la preocupación por una reacción social, ni mucho menos. Pero entre las hipótesis del gobierno está la tensión, pero no la violencia.